La selección Colombia femenina cerró su participación en los World Skate Games Asunción 2026 en el séptimo puesto mundial. Más allá de la clasificación, el equipo dirigido por Fabián Rivas Garcés dejó señales de crecimiento, carácter competitivo y una identidad de juego que merece ser reconocida. Su actuación también plantea preguntas sobre el camino que debe recorrer el hockey patín colombiano para acercarse a las grandes potencias internacionales.
Hay resultados que no alcanzan a explicar lo sucedido dentro de una pista. El séptimo puesto conseguido por la selección Colombia femenina de hockey patín en el Campeonato Mundial de Asunción 2026 es uno de ellos. Porque detrás de esa ubicación hay un equipo que compitió con carácter, que mostró momentos de muy buen hockey y que, incluso frente a rivales de mayor trayectoria internacional, se negó a renunciar a su propuesta de juego.
Colombia regresó de Paraguay con cuatro victorias, tres derrotas y, especialmente, una experiencia que debería servir para fortalecer el proceso de una selección que combina juventud y experiencia. No fue un campeonato perfecto, ni tendría sentido presentarlo así. Hubo errores, diferencias evidentes frente a algunas potencias y una oportunidad perdida de disputar el quinto puesto. Pero también hubo trabajo colectivo, disciplina, valentía y señales de evolución.
La selección no fue a Asunción simplemente a cumplir con una participación. Intentó competir, construir juego y defender su lugar en el escenario mundial. Y ese esfuerzo merece una lectura que vaya más allá de los marcadores.
Un equipo que llegó con trabajo detrás

Antes del viaje a Paraguay, Fabián Rivas Garcés había destacado la preparación realizada mediante campamentos, campeonatos nacionales y el torneo Interligas. Su propósito era construir un grupo competitivo integrando jugadoras jóvenes con otras de mayor experiencia.
Ese trabajo encontró expresión en la cancha. Colombia no siempre pudo imponerse, pero mostró una idea reconocible: circulación de la bocha, búsqueda de asociaciones y transiciones rápidas para aprovechar los espacios que concedían sus rivales.
El debut frente a México dejó una primera señal. La victoria 4-1 fue resultado de una selección que buscó imponer intensidad y que encontró en la velocidad de sus ataques una herramienta para crear diferencias. Juanita Serna marcó dos goles, mientras Gabriela Delgado y María Juliana Galán completaron el marcador colombiano.
Después llegó Portugal, una de las potencias históricas del hockey patín femenino. El resultado, 5-0 para las europeas, expuso una diferencia que todavía existe en ritmo competitivo, capacidad de definición y experiencia internacional. Sin embargo, Colombia también tuvo momentos en los que consiguió contrarrestar los ataques portugueses y desarrollar su propia propuesta.
La arquera Ariadna Escalas Rodríguez tuvo intervenciones importantes. El equipo buscó sostenerse mediante el juego asociado y las salidas rápidas, incluso cuando el rival imponía condiciones.
No se puede convertir aquella derrota en una victoria moral, pero tampoco reducirla a cinco goles recibidos. Los encuentros contra selecciones de ese nivel permiten medir con precisión lo que hace falta mejorar.
Colombia respondió después con una victoria 4-1 frente a Brasil, impulsada por tres anotaciones de Gabriela Delgado y una de Ana María Ferreira. Más adelante superó 9-0 a India, en un partido que permitió ampliar el protagonismo ofensivo del equipo.
Fueron actuaciones importantes para consolidar la confianza y mantener la aspiración de alcanzar la mejor ubicación posible.
El partido que mostró hasta dónde podía competir Colombia
Si hubo un encuentro que merece permanecer en la memoria de esta participación fue el disputado frente a Italia.
Colombia perdió 1-0, pero obligó a una de las selecciones más fuertes del campeonato a trabajar durante todo el partido para conservar una ventaja mínima.
La prensa especializada internacional destacó el despliegue colombiano, su organización y las dificultades que encontró Italia para imponer la superioridad que se esperaba antes del encuentro. Gabriela Delgado fue reconocida por su capacidad para incomodar a la defensa europea, mientras el equipo sostuvo una oposición competitiva frente a un rival que terminaría conquistando la medalla de bronce.
Fue una demostración de que Colombia puede acercarse a selecciones de mayor recorrido cuando consigue mantener concentración, orden y confianza en su propio hockey.
También dejó una enseñanza: competir de igual a igual durante largos periodos no es suficiente si esas actuaciones no se traducen en resultados. El siguiente paso consiste en transformar la resistencia defensiva y los buenos momentos de juego en mayores oportunidades de gol y eficacia ofensiva.
Ante Francia, en el cruce que daba acceso a la disputa por el quinto lugar, Colombia volvió a caer por la mínima diferencia, 1-0. Fue una derrota especialmente significativa porque cerró la posibilidad de terminar entre las seis mejores selecciones.
La respuesta final fue otra muestra de carácter. Frente a Brasil, Colombia ganó 3-2 con anotaciones de Ana Sofía Suárez, Ana María Ferreira y María Juliana Galán. El equipo cerró así el Mundial con una victoria y aseguró el séptimo puesto.
No fue el lugar al que todas aspiraban, pero tampoco un resultado que deba ocultar lo construido durante la competencia.
Diez jugadoras, un mismo compromiso

Un equipo no se explica únicamente por sus goleadoras, por las jugadas que aparecen en los resúmenes o por las deportistas que acumulan más minutos sobre la pista. Su rendimiento también depende de quienes sostienen los entrenamientos, aceptan diferentes funciones, acompañan desde el banco y mantienen la concentración durante cada partido.
Por eso, reconocer esta participación exige nombrar a sus diez protagonistas.
Ariadna Escalas Rodríguez e Isabela Molina Betancur, las arqueras de la selección, asumieron una responsabilidad fundamental en una competición que exigía afrontar rivales con gran capacidad ofensiva.
Ana María Ferreira Gutiérrez, capitana del equipo, aportó experiencia y liderazgo a un grupo en transformación generacional. Su presencia representa la importancia de las jugadoras que han recorrido diferentes etapas del hockey colombiano y continúan ofreciendo su conocimiento a las nuevas generaciones.
Gabriela Santisteban Delgado fue una de las referencias ofensivas del campeonato. Su capacidad para generar peligro, su movilidad y sus goles frente a Brasil mostraron su importancia dentro de la propuesta colombiana.
María Juliana Galán García, Juanita Serna Borja y Ana Sofía Suárez Gámez también tuvieron protagonismo en la definición de los encuentros. Sus anotaciones contribuyeron a construir las victorias ante México, India y Brasil.
Mariana Tapia Vélez y Aissa Mariana Barrera Carvajal forman parte de esa generación joven que necesita seguir acumulando experiencia internacional para convertirse en una base sólida del futuro de la selección.
Y Catalina Martínez Novoa representa el valor de contar con deportistas experimentadas en un proceso que necesita integrar distintas generaciones y trayectorias deportivas.
Diez nombres, diez recorridos y una misma camiseta. Detrás de cada una existe una historia de entrenamiento, compromiso y perseverancia que merece ser conocida y reconocida.
El futuro de esta selección no puede depender exclusivamente de quienes aparecen en los registros de goles. Su fortaleza estará en conseguir que todas tengan oportunidades de desarrollo y que el conocimiento acumulado por las más experimentadas contribuya al crecimiento de las más jóvenes.
Fabián Rivas, el valor de construir un proceso

El trabajo de Fabián Rivas Garcés merece un reconocimiento especial.
Dirigir una selección nacional implica mucho más que establecer una alineación o decidir los cambios durante un encuentro. Supone construir una identidad colectiva, administrar las diferencias de experiencia entre las jugadoras, preparar respuestas ante rivales de distintos niveles y sostener la confianza del grupo en los momentos difíciles.
En Asunción se observaron elementos que permiten valorar positivamente su dirección técnica. Colombia mostró una propuesta basada en el juego asociado y las transiciones ofensivas, compitió con determinación frente a rivales exigentes y consiguió recuperarse de derrotas para cerrar el campeonato con una victoria.
El partido contra Italia fue quizás la demostración más clara del trabajo colectivo. No es sencillo limitar a un solo gol a una selección que terminó entre las tres mejores del mundo.
Rivas también asumió el desafío de dirigir un equipo en renovación, combinando deportistas experimentadas con jóvenes llamadas a protagonizar los próximos años.
Ese trabajo no debería agotarse con el Mundial.
Los procesos deportivos necesitan evaluación, continuidad y condiciones para evolucionar. Reconocer el esfuerzo del entrenador no significa desconocer las dificultades que quedaron en evidencia. Por el contrario, significa comprender que una propuesta técnica necesita tiempo, competencia y recursos para alcanzar una mayor madurez.
Sería un error evaluar el trabajo únicamente por el séptimo puesto, pero también lo sería renunciar a preguntarse cómo alcanzar el quinto, el cuarto o, más adelante, competir por una medalla.
El reconocimiento más importante que puede recibir un entrenador que está construyendo un proyecto es que ese trabajo tenga posibilidades reales de desarrollarse.
El reto comienza después del Mundial
La selección femenina terminó séptima. España conquistó el título, Argentina fue subcampeona e Italia completó el podio. Detrás de esas selecciones existe una realidad competitiva que Colombia necesita estudiar con profundidad.
La distancia entre nuestro hockey y las potencias internacionales no se reduce únicamente a la calidad individual de las jugadoras. También está relacionada con la frecuencia de los encuentros, la intensidad de las competiciones, el acceso a escenarios adecuados, la preparación física, el acompañamiento técnico y las posibilidades de disputar partidos internacionales durante el año.
Colombia necesita convertir las experiencias mundialistas en parte de una estrategia de desarrollo.
Eso implica fortalecer los campeonatos femeninos, ampliar la participación de niñas y jóvenes en los clubes, mejorar las condiciones de entrenamiento y construir un calendario que permita sostener el ritmo competitivo.
También exige reconocer que la preparación de una selección comienza mucho antes de una convocatoria. Se construye cada semana en las pistas del país, en los clubes, las escuelas deportivas y las ligas que sostienen la práctica del hockey patín.
Hay otro aspecto fundamental: el relevo generacional no puede dejarse a la improvisación. Las jugadoras jóvenes necesitan oportunidades para competir, formarse y aprender de quienes ya han recorrido el camino internacional.
Colombia debe lograr que el Mundial no sea un punto de llegada, sino una evaluación periódica de su verdadero desarrollo deportivo.
La garra debe convertirse en futuro
Lo que dejó Asunción merece orgullo, pero también reflexión.
La selección femenina demostró que tiene jugadoras capaces de competir con carácter, que existe una propuesta colectiva y que el trabajo de Fabián Rivas ofrece elementos valiosos sobre los cuales continuar construyendo.
Sus diez integrantes merecen reconocimiento por el compromiso de representar al país y sostener una actuación competitiva durante el Mundial.
Pero el mejor homenaje no consiste simplemente en felicitarlas. Consiste en preguntarnos qué vamos a hacer para que las próximas generaciones encuentren un hockey colombiano con mayores oportunidades, más competencia y mejores condiciones.
Porque sería injusto exigirles a nuestras jugadoras que alcancen el nivel de las grandes potencias sin construir también las condiciones deportivas que permiten llegar hasta allí.
Colombia tiene talento. En Asunción también mostró carácter, disciplina y capacidad para competir.
Ahora necesita convertir esas virtudes en una política de desarrollo sostenida.
El séptimo puesto es el resultado de este Mundial. El verdadero balance dependerá de lo que el hockey patín colombiano sea capaz de construir a partir de mañana.
Planeta Hockey SP — El hockey se juega, se siente y se cuenta.
Faltó la participación de 3 grandes:abuela Arias, Laura Laiton y Juliana Vieira
Muy buen artículo , bien escrito y reflejando razonablemente la actuación del equipo colombiano