El FC Porto volvió a reinar en Europa. En una final intensa, táctica y emocional, el equipo portugués derrotó 3-1 al Barça y se coronó campeón de la WSE Champions League by Azemad 2025/2026, disputada el domingo 10 de mayo en el Pabellón Multideportivo Dr. Mário Mexia de Coímbra. Fue la cuarta Champions en la historia del club portugués, una conquista construida desde la contundencia ofensiva, la solidez defensiva y una lectura impecable de los momentos clave del partido.

Porto golpeó primero y golpeó rápido. Apenas iniciado el duelo, Rafa Costa abrió el marcador al minuto 2. Poco después, Gonçalo Alves amplió la ventaja al 8’, dejando al Barça obligado a remar contra la corriente desde muy temprano. El conjunto catalán reaccionó en la segunda parte con un penal convertido por Ignacio Alabart, pero cuando el partido entraba en su tramo decisivo, Telmo Pinto apareció para firmar el 3-1 al minuto 45 y cerrar la final.

La victoria no fue solo una cuestión de pegada. Porto entendió mejor el partido. Cuando tuvo que acelerar, aceleró; cuando tuvo que resistir, cerró líneas, protegió a Xavi Malián y obligó al Barça a jugar incómodo, lejos de la claridad que necesitaba para igualar la final. La propia crónica de World Skate Europe destacó que, en los últimos diez minutos, Porto ajustó sus bloques defensivos y controló la ventaja hasta desatar la celebración.

El título también tuvo nombre propio: Carlo Di Benedetto. El jugador del Porto terminó como máximo goleador de la Champions WSE 2025/26, con 13 goles en 10 partidos, por delante de Jordi Méndez, de Trissino, que cerró con 10. Su registro confirma el peso ofensivo de un equipo que no dependió de una sola figura, pero que encontró en Di Benedetto a su gran referencia de gol durante la campaña europea.

En defensa, Porto también fue élite. En la fase de grupos terminó primero del Grupo A con 27 puntos, 43 goles a favor y apenas 19 goles en contra, la misma cifra de goles recibidos que Benfica en el Grupo B. Ese dato deja a Porto como una de las vallas menos vencidas de la fase regular y explica buena parte de su camino al título: no solo atacó mejor que casi todos, también concedió muy poco.

El Barça, que venía de eliminar a Sporting en cuartos y a Benfica en semifinales, volvió a una final europea después de ocho años, pero no logró quebrar la estructura de un Porto maduro, intenso y competitivo. La Real Federación Española de Patinaje resaltó que los azulgranas no disputaban una final desde la temporada 2017/18, precisamente cuando habían vencido al Porto. Esta vez, la historia cambió de dueño.

La noche de Coímbra dejó una imagen poderosa: Porto levantando otra Champions, con una generación que combina experiencia, carácter y oficio competitivo. En una final donde cada error pesaba, el campeón fue el equipo que mejor supo administrar la presión. Porto no solo ganó una final: confirmó que Europa vuelve a mirar hacia el norte de Portugal.